sábado, 17 de enero de 2015

Problemas digestivos en recién nacidos (I):

Uno de los problemas que quizás no nos hayamos planteado como futuras mamás o recientes mamás es que los recién nacidos pueden venir con pequeños trastornos digestivos.

Los más normales y los que todo pediatra no toma muy en consideración cuando una "mamá primeriza" acude a consulta es el llamado problema de cólico del lactante.


El cólico del primer trimestre se caracteriza por episodios de un llanto agudo que parece inexplicable y que altera a un niño que por lo demás parece sano, saludable y tranquilo durante el resto del tiempo. El cólico se inicia generalmente después de las tomas, aunque puede suceder a cualquier hora sin relación con ellas. Es más frecuente durante la tarde o noche y puede durar más de 2 horas.
Estos episodios aparecen a partir de la primera semana de vida y probablemente se extenderán durante los primeros 3 meses de vida con una frecuencia diaria. Pueden acompañarse de movimientos de flexión de las piernas sobre el abdomen, flexión de brazos, apretar los puños, muecas diversas, irritabilidad general y emisión de gas intestinal. El lactante suele consolarse si le cogemos en brazos, a no ser que se le haya dejado llorar durante mucho rato.
Los primeros 15 días Oli no dejaba de llorar, sobretodo por las tardes, por lo que acabamos en urgencias después de no poderle calmar durante 6 horas seguidas. Tras realizarle pruebas que incluían analítica de sangre, ecografía abdominal... nos mandaron a casa sin diagnóstico.
Para este mal llamado cólico del lactante que nos puede acompañar durante los primeros meses de vida recomiendan :
  • Mantén siempre la calma: lleva el niño al pediatra al menos una vez para comentar el problema de los cólicos. Él lo revisará y te confirmará que el niño/a no tiene ninguna enfermedad, y te recomendará un tratamiento. Pero hay que tener en cuenta que a veces, la ansiedad de los padres también puede desencadenar el llanto del niño y no sólo ser la consecuencia lógica de éste. Es recomendable, por tanto, procurar no irritarse si el lactante llora y tener paciencia para no empeorar la situación.
  • Comprueba que no está hambriento o demasiado lleno. Un escaso aporte de leche materna o biberón puede ser la causa del llanto. Igualmente, si el lactante está demasiado lleno (le estás dando de comer muy a menudo, le das un suplemento de biberón demasiado grande, tienes mucha leche, etc.) también puede que llore. Revisa estos aspectos y trata de corregirlos.
  • Intenta que coma a gusto y se coja bien al pecho o a la tetina del biberón. A veces, el lactante no come a gusto por varias causas, entre las que destacan las siguientes:
    • El pezón es muy pequeño.
    • El lactante chupa sólo del pezón y no del pezón y la areola.
    • Las pezoneras están mal adaptadas.
    • El uso de biberones con válvulas, biberones con agujeros demasiado pequeños o grandes.
    • La mala postura al alimentarlo o la nariz tapada.
  • Comprueba que no esta incómodo/a. Hay varios factores que pueden incomodar al lactante, entre los cuales destacan:
    • Ropa demasiado apretada.
    • El exceso (calor) o falta de ropa de abrigo (frío).
    • Falta o exceso de contacto con los padres.
    • Humedad (comprueba que no va mojado/a o sucio/a).
  • Levántalo y cógelo en brazos. Probablemente su bebé echa en falta el ritmo de vida intrauterino, cuando sentía los latidos del corazón y la respiración de la madre durante todo el día. Se sentirá satisfecho y calmado si le coges, le abrazas y le acaricias, actividades rítmicas muy útiles.
  • Ten presente que el lactante no se acostumbrará: no lo "malcriaremos" por tenerlo en brazos a menudo durante los primeros 3 ó 4 meses. Intenta cogerlo en brazos varias veces al día (preventivamente). Se ha comprobado que coger a los niños durante 3 h al día cuando no están llorando, reduce posteriormente la tasa de llanto diario al 50%.
  • Mantén al niño en posición vertical durante el mayor tiempo posible, procurando que no se sienta incómodo: ponle en una mochila para niños y pasea con él. También puedes ponerle un poco incorporado en una tumbona para niños. No olvides cambiarle de posición de vez en cuando, tanto si está en brazos como en la cuna.
  • Procura que se sienta confortable: siéntate, acuéstalo sobre tus muslos y mueve las piernas arriba y abajo con un ritmo suave. Acurrúcalo en un extremo de la cuna, o envuélvelo en una manta pequeña de cuello para abajo y con los brazos a los lados, de manera que se sienta más protegido. Dale golpecitos o frótale la espalda para hacerle eructar después de las comidas (aunque no es imprescindible). Hazle masajes suaves en la barriga o túmbale y muévele las piernas como si fuera en bicicleta.
  • Existe un medicamento homeopático llamado Colikid, que placebo o no, a nosotros nos ayudó un poquito.
  • Sin embargo, no siempre es culpa de los cólicos el que un bebé llore sin consuelo... existen otra serie de causas más difíciles de descubrir incluso por los pediatras y que desesperan a cualquier madre, por ejemplo la intolerancia a la proteína de la leche.

  • 1 comentario:

    1. Muchas veces eso es lo primero que pensamos los padres, que están demasiado llenos, y por eso presentan tantos gases, pero puede ser más que eso, por lo menos, en mi caso, lo era. El problema es que mi niño a los 4 meses empezó a presentar esos problemas digestivos y por supuesto lloraba un montón inimaginable, se quejaba a todas horas y hasta se le modifico su horario de dormir, y sin embargo, dormía sólo por raticos. Cuando iba a estallar de tanta angustia me crucé con el Babies Magic Tea de Secrets of Tea, lo empecé a usar con regularidad porque era sin azúcar, ni gluten ni lácteos, además es completamente natural. Menos mal y si sirvió, ahora mi bebé está muchísimo más aliviado.

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